Sólo voy a enumerar tres razones, sólo tres, por las que yo
no votaría por Héctor Astudillo Flores, candidato del PRI-PVEM, aunque para
otras personas tres sería muy poco, pero yo no necesito más.
Durante los días que han pasado de promoción electoral, las
y los candidatos han mostrado de lo que son capaces y de lo que no. Se han
hecho acompañar de otros políticos que seguramente les acompañarán en los
cargos de gobierno. Han mostrado sus estrategias con las que pretenden arrancar
el voto a las y los ciudadanos de Guerrero. Han mostrado el diente y las uñas.
Para eso son las campañas, para que las y los ciudadanos, con estricto sentido
crítico, puedan discernir qué oferta electoral le conviene más. Los candidatos
no son solamente personas y propuestas. Son también su trayectoria, y la
trayectoria del equipo que los acompaña, son también su forma en cómo entienden
el ejercicio del poder y lo que éste representa para cada uno de ellos; y por
último, y no menos importante, lo es también cómo su familia se involucra con
este poder, y por último, lo que está dispuesto hacer para ganar.
Primera razón: Yo no votaría por Héctor Astudillo porque no
tiene respeto por los ciudadanos. Su campaña está fundada en mentiras. Promete
orden y paz y se acompaña de alcaldes señalados por medios de comunicación de
tener vínculos con los que han destruido el orden y la paz en Guerrero. ¿Cómo
creerle pues?
Promete que combatirá la corrupción y sus principales
operadores políticos son dos enormes corruptos: Manuel Añorve que anda impune
luego de saquear las finanzas de Acapulco y de entregar a Acapulco a la
delincuencia, y el otro es René Juárez Cisneros, que también saqueó al estado
siendo gobernador. Es uno de los hombres más ricos de la entidad con
propiedades en el extranjero, la delincuencia tuvo cobijo institucional en su
gobierno. ¿Cómo creerle, pues?
Un candidato que recurre a la infamia vil, a la reiteración
de una mentira para lograr dañar a sus oponentes, es un peligro si llegase a
ser gobernador. Su código moral está dañado, pervertido, si lo tiene. Ese es el
caso de las recientes acusaciones derivadas de grabaciones ilegales.
Grabaciones que no tienen ningún valor, pues ni siquiera en ellas se puede
inferir que los que allí hablan, estén cometiendo algún delito. Cuando las
investigaciones concluyan, el veredicto final es que no hay materia para fincar
responsabilidades. Las grabaciones presentadas son tan frívolas y ociosas que
ni siquiera el Tribunal las ha tomado en serio, sólo son un recurso vil para
justificar la guerra sucia electoral, a la que está acostumbrado Manuel Añorve.
Este mismo día, la vocera de la campaña de Astudillo Erika
Lürhs Cortés, cambió la versión inicial de las grabaciones, y ahora, al
anunciar que el PRI presentó una denuncia ante la PGR contra el gobernador,
aseguró que es Ortega el que habla de una “Bety”. “El gobernador trata de
eludir la responsabilidad en la que ha incurrido, cuando tácitamente confiesa
que se cambiaron las bases de una licitación, lo que se castiga con nueve años
de prisión”, afirmó este día a reporteros. La más repugnante de las mentiras en
este montaje de Añorve-Astudillo, es la parte donde dicen que el gobierno del
estado está despidiendo a trabajadores que quieren apoyar al PRI, y obliga a
los funcionarios a hacer activismo a favor de la candidata perredistas. Por
ningún lado hay una sólo denuncia pública sobre estos hechos, sólo existen en
el guión perverso de Manuel Añorve.
Estas supuestas pruebas que presenta el PRI, ya fueron
aclaradas por el mismo gobernador. Sin embargo, eso no es lo que le importa a
Astudillo, lo que quiere y así lo quiere Manuel Añorve, es hacer escándalo, es
lanzar lodo, hacer crecer una falsa indignación, sustentada en un montaje de
los que él fabrica con mucha facilidad. La mentira es el método de
Astudillo-Añorve.
Este día también, el PRI puso en marcha la etapa final de su
campaña sucia, quiere sorprender en esta etapa al electorado lelo, el que no
sabe casi nada de nada. Quieren revivir a un alicaído Astudillo. Para ello
habilitaron a seudo líderes para que hicieran protestas en varios lugares de
Acapulco con el mismo tema: reiterar la mentira en la que pretenden hacer ver
que gobernador Rogelio Ortega está apoyando a la perredista Beatriz Mojica.
Este fue el caso del supuesto presidente de la Asociación Civil Unidad
Ciudadana, Jorge Campos Chávez, que con un pequeñísimo grupo de gente se plantó
afuera de la delegación de Finanzas de Acapulco y acusó que el gobernador
“utiliza los recursos del pueblo” para financiar la campaña de Mojica Morga.
Lo mismo ocurrió con una extraña protesta de universitarios
de la UAGro en el Asta Bandera del Parque Papagayo, allí un grupo de unos 15
jóvenes culparon al gobierno de Rogelio Ortega por no haber recibido el pago de
una beca que les la universidad. En las cartulinas habían escrito “¿Ortega y mi
beca?” La protesta fue encabezada por María Magdalena Rivera Lorenzo, quien
dijo: “siempre nos dicen que la culpa no es de la UAGro, sino que del gobierno
estatal”. Atrás de esta protesta está el rector de la universidad de Guerrero,
Javier Saldaña, esbirro de Manuel Añorve.
Por toda esta cantidad de montajes y mentiras triviales,
rústicas incluso, es porque yo no votaría por Héctor Astudillo. No necesito
más.
La segunda razón no necesita tanta explicación. No votaré
por Astudillo, porque le acompaña un partido infame y grotesco: el Partido
Verde. Un partido que ha violado reiteradamente la ley y las normas
electorales. Un partido que miente brutalmente a las y los ciudadanos a los que
considera estúpidos. Un partido que fue sancionado con la multa más alta en la
historia electoral mexicana por cometer excesos y abusos en su publicidad. Por
usar también una publicidad engañosa. El PVEM es un partido engañabobos, sólo
los tarados y acríticos podrían creerle. Los candidatos del PVEM son lo mismo
que el PRI. En Acapulco, un tipo que hace diez años no existía, ahora se
presenta como empresario exitoso. De la noche a la mañana se hizo dueño de una
compañía de seguridad valuada en cientos de millones de pesos. Del tal Jacko
Badillo, candidato del Verde a la alcaldía de Acapulco, no hay ningún registro
de que antes tuviera siquiera un millón de pesos. Su ascenso económico es
sospechosísimo y oscuro, ¿quieres que estos te gobiernen?
La tercera razón, es más sencilla: se trata de que con
Astudillo también va un ambicioso desalmado como Manuel Añorve. Votar por
Astudillo significa de facto olvidar que Acapulco está hundido en la mierda
porque así lo dejó Añorve. Votar por Astudillo es aceptar que Añorve vuelva a
robarles a los guerrerenses. Eso es no tener ni la más elemental capacidad de
indignación, ni de vergüenza.
Se dice ya, que de ganar la gubernatura, la negociación de
Héctor Astudillo dentro del PRI es como sigue: Manuel Añorve va como secretario
de Finanzas; él ya fue secretario de Finanzas con Ángel Aguirre. Para René
Juárez y su equipo, le tienen preparado la coordinación del Congreso local.
Está confirmado que Añorve Baños fue desplazado de la coordinación de la
campaña de Astudillo en Acapulco, por lo negativo de su presencia. La
coordinación estuvo a cargo de la gente de Juárez Cisneros. Así, el gobierno
que promete Astudillo es de terror. Significa el regreso de los que han hecho
el mayor daño financiero a Guerrero y en materia de seguridad. ¿Cómo creerle a
Astudillo, pues? Por eso no votaría nunca por Astudillo-Añorve.
LA CONTRA
Qué hace Luis Walton, candidato del Partido Ciudadano a la
gubernatura de Guerrero, en esta elección? ¿A qué juega Walton, si nunca fue
competitivo? ¿Por qué sigue engañando a sus simpatizantes de que está
compitiendo por la gubernatura, cuando hace semanas ya perdió de vista ese
objetivo? ¿Por qué Walton le oculta a sus seguidores que de 15 puntos que llegó
a tener en las primeras dos semanas, se derrumbó en las últimas encuestas a 6?
Walton está cegado, está llenó de rencor, de odio. Así ¿cómo
puede siquiera creer que puede ser gobernador? Hizo bien el PRD en no
designarlo su candidato, el pésimo ex alcalde de Acapulco, no está a la altura
de lo que quieren los guerrerenses; no tiene la virtud de la sensatez, el
equilibrio mental para reconocer que su campaña se cayó, y no tiene nada ya qué
hacer en esta elección; no tiene la grandeza para aceptar que más grande que su
rencor y revanchismo, es el bienestar de la gente. Walton será recordado como
el hombre vil que por satisfacer su deseo de venganza llevó a la quiebra a su
partido. Candidatos y militancia de Walton, serán los indeseables de los
próximos seis años. El tiempo apremia, las campañas ya casi terminan.

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