miércoles, 19 de noviembre de 2014

Vienen 13 días de furia




Pascal Beltrán del Río 18/11/2014 excelsior.com.mx


Conforme se acerque el 1 de diciembre, una parte de los manifestantes que se han agrupado en torno de la denuncia de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa —que hoy martes cumple 53 días —acelerará sus acciones de protesta.

¿Por qué es importante esa fecha? Porque esa parte del movimiento ha convertido en su causa principal no la aparición con vida de los estudiantes sino la renuncia del Presidente de la República.

El artículo 84 de la Constitución prevé que si existe la falta absoluta del Ejecutivo durante los primeros dos años del periodo respectivo —que se cumplen el lunes 1 de diciembre, es decir, dentro de 13 días—, el Congreso de la Unión deberá designar a un Presidente interino y convocar a comicios para elegir a quien termine el sexenio.

Desde 1934, cuando se inauguraron los periodos presidenciales de seis años, México ha gozado de estabilidad en el proceso de nombramiento de autoridades y representantes federales.

El Presidente de la República y los integrantes del Congreso de la Unión han sido elegidos y han tomado posesión cuando corresponde constitucionalmente. ¿Cuántos países de América Latina pueden decir lo mismo?

La última vez que se interrumpió un periodo presidencial fue el 2 de septiembre de 1932, cuando Pascual Ortiz Rubio —quien había sido elegido el 17 de noviembre de 1929 para terminar el cuatrienio del asesinado Álvaro Obregón— renunció a su cargo en una atmósfera que olía a golpe de Estado.

El homicidio de Obregón había creado una gran inestabilidad política en el país. Durante el periodo para el que fue elegido hubo tres presidentes, tutelados porPlutarco Elías Calles, el Jefe Máximo.

Yo no sé si eso es lo que quisieran repetir quienes llaman a la renuncia o derrocamiento de Enrique Peña Nieto. Quizá no alcanzan a ver qué países donde recientemente han caído gobiernos, como Egipto y Libia, entraron en una espiral de descomposición peor que la que había antes.

No, esa no es una solución.

Lo digo sin desconocer que el país se encuentra en una de sus peores crisis en al menos medio siglo.

La credibilidad de las autoridades locales y federales se ha visto seriamente deteriorada.
La fuerza pública, en la que los ciudadanos depositan constitucionalmente la defensa de sus vidas y sus bienes, se muestra incapaz o indolente para frenar las expresiones de violencia de algunos que han salido a las calles —los menos, afortunadamente— con el objetivo o pretexto de repudiar la desaparición de los normalistas.

El sábado pasado, tras volver de su gira por China y Australia, el presidente Peña Nieto volvió a condenar esos “actos cargados de violencia” y recordó que el Estado está facultado para usar la fuerza “cuando se ha agotado cualquier otro mecanismo para restablecer el orden”.

Hasta ahora, luego de casi dos meses de los terribles hechos de Iguala, el gobierno federal ha mostrado una prudencia extrema para enfrentar hechos de vandalismo como el saqueo de mercancías y el incendio de vehículos y edificios públicos.

Algunos pretenden hacer creer que esas medidas están justificadas para protestar contra el acto represivo y criminal que ocurrió en Iguala.

Sin embargo, no han sido los directamente afectados —en particular, los familiares de los normalistas— quienes han incurrido en la violencia. Incluso, en diversos momentos, estos la han condenado.

Sería un error ver homogeneidad en el movimiento de protesta. Para mí, éste tiene varios componentes: hay personas sin militancia política que simplemente están hartas de la impunidad, hay maestros de la CNTE que buscan tumbar la Reforma Educativa, hay militantes de partidos de izquierda —principalmente Morena— y hay miembros de organizaciones que se hacen llamar anarquistas.

No todos persiguen lo mismo, pero, en el río revuelto, a ratos es difícil distinguir.

Las autoridades tienen la obligación de hacerlo. No sólo es imposible detener a todos los que protestan sino que sería arbitrario e ilegal hacerlo.

Quienes cometan delitos, afectando a terceros, tienen que ser detenidos y procesados, no sólo porque es una buena idea sino porque es la obligación de las autoridades. Igual que es su obligación investigar los crímenes de Iguala y llevar a los responsables ante la justicia.
Con la violencia no se debe transigir, no se debe negociar. Lo digo incluso más claro: es una ilusión pensar que se puede. Quien está dispuesto a matar a una persona con el pretexto de protestar —como casi lo hicieron, en Acapulco, con el policía Gabriel Benítez, cuya historia contamos ayer en estas páginas— está dispuesto a lo que sea.

El objetivo de los violentos no es que aparezcan los normalistas. El objetivo es tirar al gobierno, como lo han dicho públicamente.

¿Tiene el gobierno de Enrique Peña Nieto un plan para enfrentar a quienes generan violencia con ese propósito?

No estoy seguro. Tal vez sus funcionarios estén leyendo encuestas, como la de BGC-Excélsior, que publicamos ayer en estas páginas, y que dicen que la mayoría de la gente (52%) sigue viendo como “prudente” al gobierno federal en el tratamiento de los hechos.
Sin embargo, hay que leer las encuestas completas. Un número creciente de mexicanos no justifica las protestas violentas (73%) e incluso el apoyo a los manifestantes ha comenzado a descender (ya sólo 30% dice que simpatiza con ellos).


Los que vienen serán días difíciles, que seguramente marcarán el resto del sexenio.

Walton se va y esperan sea el candidato de Morena



**El  plazo para concertar  alianzas
     se vence y no hay nada con el PRD

Publicado por A Fondo Guerrero
Esto no tiene vuelta de hoja.  Luis Walton Aburto está por solicitar licencia al cabildo para retirarse del cargo y solo falta definir si irá sólo como abanderado de Movimiento Ciudadano o si el partido naranja no postula candidato a gobernador  para que el alcalde de  Acapulco sea arropado por Morena para cumplir con el mandato del INE de que el nuevo partido en su primera elección no formalice alianzas. Con el PRD y el PT ya no hay tiempo de refrendar coaliciones, pues el plazo para el efecto vence el próximo jueves 20 de noviembre.
Se perfila como alcaldesa interina la secretaria general Magdalena Camacho Díaz, en  virtud de que es respaldada por mayoria del cuerpo edilicio y a que el primer síndico Armando Tapia irá como candidato a una diputación federal.
En el PRI ya está pactada la alianza con el Partido Verde y con Panal y está por concretarse ante la instancia electoral. El método de elección será dedazo,  como debe entenderse el anuncio deque sera  en convención donde la definan, porque obviamente el voto de los consejeros será inducido a favor del acuerdo presidencial que lo resuelva
En  caso de que Morena nomine candidato a Walton, Movimiento  Ciudadano iría como aliado de facto sin  nombrar abanderado al cargo.  Lo mismo harían con Víctor Jorrín Lozano para la alcaldía de Acapulco.
En cuanto  al plazo para el registro de candidato a gobernador comprende del 18 de febrero al 1 de marzo del 2015; en tanto que en el caso de candidatos a diputados locales es del 26 de marzo al 1 de abril de 2015 y en el  de candidatos a alcaldes es del 15 al 21 de abril de 2015.
Así las cosas, en los próximos días veremos el estira y afloja en los partidos politicos que podrán participar en los comicios del 2015. Expondrán  todo un tender en el que saldrán a relucir los trapitos al sol de uno y otro de los aspirantes en una canibalesca campaña de todos contra todos.