martes, 19 de mayo de 2015

Luis Walton y Dante Delgado pactaron con el PRI

APUNTES DE UN VIEJO LÉPERO




Dante Delgado Rannauro, presidente nacional del Partido Movimiento Ciudadano y Luis Walton Aburto, candidato a gobernador de Guerrero, se comprometieron con el PRI en hacer mancuerna para impedir el triunfo de la candidata del PRD, Beatriz Mojica Morga, e hipotecaron el voto de sus militantes.

En febrero de este año, poco después de haber sido designada Beatriz Mojica candidata del PRD, Luis Walton enfureció. Había estado seguro de que las negociaciones que meses antes venía realizando su dirigente nacional y socio, Dante Delgado Rannauro con los líderes del PRD, lo haría candidato de las izquierdas. No le daba ningún crédito a Beatriz Mojica. Pero allá por el 13 de febrero, Walton se enteró que no sería tomado en cuenta en una alianza con el PRD. Entonces se descompuso, literalmente enloqueció. Dicen los que relatan esta historia, que dijo: “pues entonces ni ella, ni yo; esa mujer no será gobernadora”, narran. El 14 de febrero, el PRD decidió que Beatriz Mojica sería la candidata que enfrentaría al PRI. En el camino quedó la propuesta del ex rector de la UAGro, Javier Saldaña, fue desechado por sus presuntos nexos con gente muy dañina para Guerrero y por su apego a la corrupción; también quedó en el camino Armando Ríos Piter.

Luis Walton siempre supo que si no iba con el PRD, nunca tendría oportunidad de estar a la cabeza en la competencia por la gubernatura de Guerrero. Su propuesta de encabezar a los partidos de izquierda fue desechada porque sería fácilmente derrotado por su mal desempeño como alcalde de Acapulco, no podría tener credibilidad para hablar de seguridad alguien que dejó más de seis meses sin policía a Acapulco. La seguridad es el tema de las elecciones 2015 y ningún candidato ha sido lo suficientemente certero para convencer al electorado en este asunto.

Convencido de que su candidatura quedaría relegada al tercer o cuarto sitio, Walton pidió a Dante Delgado entablar un acuerdo con el presidente nacional del PRI. Luis Walton ya no quería ganar; ahora lo único que deseaba era vengarse de Mojica Morga y del PRD por despreciarlo. Entonces plantearon la propuesta de hacer mancuerna, Walton y Movimiento Ciudadano harían campaña sólo contra el PRD para causar el mayor daño posible al voto a favor de Mojica. Allí plantearon que el dinero y la influencia de Walton sobre algunos liderazgos del PRD, le facilitaría lograr importantes desprendimientos que minarían la reserva de votos del perredismo.

Fue así que comenzó la operación a cargo del diputado federal coahuilense, Ricardo Mejía Berdeja quien buscó a dirigentes y líderes sociales del PRD a quienes propuso candidaturas y les ofreció que les darían el dinero para hacer campaña, pero Walton no cumplió, no les dio el dinero prometido. Algunos líderes menores del PRD se fueron con él en las primeras semanas de su campaña, entre ellos, el diputado federal Silvano Blanco Deaquino, quien ya no se le volvió a ver a lado del ex alcalde de Acapulco a lo largo de su campaña. Lo mismo ocurrió con los demás que se fueron pensando que Walton los haría ganar y además les pagaría la campaña. A menos de veinte días de que concluya la elección en Guerrero, ninguno de los que originalmente se habían ido con Walton está seguro ya de haber tomado una buena decisión.

El pacto de Walton con los priístas incluyó hipotecar el voto de sus simpatizantes y militantes. Sabe que ese voto no le sirve para ganar, pero es un voto que no será para el PRD, el partido que lo hizo alcalde de Acapulco. La campaña de Luis Walton no es para ganar la gubernatura, es sólo una campaña motivada por el deseo de revancha por no haber sido designado candidato. De allí se desprende que el único partido contra el que enfila reiteradamente sus ataques sea el PRD y nunca haya cuestionado al candidato del PRI.




En este contexto se inscribe la campaña que acaba de lanzar el Partido Movimiento Ciudadano en Acapulco por medio de espectaculares y videos de internet, centrada en descalificar al Partido de la Revolución Democrática (PRD), para lo cual ha recurrido al tema de la desaparición de normalistas en Iguala, un tema del que ha abusado reiteradamente el PRI en contra del PRD. En diferentes puntos del puerto de Acapulco fueron colocados anuncios espectaculares de MC con el lema “¿Quieres que en Acapulco gobiernen los responsables de Iguala? No, gracias”.

Pero la campaña de Luis Walton tiene un defecto, uno de los operadores y coordinadores de su campaña es Lázaro Mazón Alonso, el hombre que llevó a José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, actualmente preso, al PRD. A Walton le acompaña el principal culpable de cobijar al responsable de lo que ocurrió en Iguala.

La campaña de Luis Walton contra el PRD y su candidata es el anticipo de lo que usará mañana en el debate. La mancuerna Walton-Astudillo podrá verse durante el debate en acción, pues mientras el priísta centrará su fraseo de que ya faltan pocos días para que haya paz y seguridad en Guerrero, y decir que el PRD dejó un desastre, y que con su experiencia devolverá la tranquilidad a los guerrerenses, Walton será el golpeador. Luis considera que el último debate de los candidatos a la gubernatura, es la oportunidad de vengarse de la perredistas y su partido. Allí le veremos usar esta frase que hace pocos días han difundido para facilitarle las cosas al PRI y cumplir con lo pactado.


A Luis Walton no le sirve el voto de sus simpatizantes, no está compitiendo y no tiene oportunidad alguna de remontar nada, el voto de los simpatizantes de su candidatura sólo sirve para que el PRI, cuyo candidato está estancado en señalamientos de corrupción, intente hacer regresar a un PRI donde las figuras más prominentes son Manuel Añorve y René Juárez, figuras representativas de la corrupción en Guerrero.

Astudillo dice que no tiene ningún inmueble, y en cambio su esposa 12


Beatriz Mojica, candidata del PRD a la gubernatura de Guerrero, y Héctor Astudillo, candidato del PRI, presentaron su #3de3 (Cuartoscuro/Archivo).


Miércoles, 29 de abril de 2015 

(CNNMéxico) - Héctor Astudillo, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la gubernatura de Guerrero, declaró no tener ningún bien inmueble.

Sin embargo, de acuerdo con los datos presentados por el político, su esposa tiene 12 inmuebles en Guerrero y el Distrito Federal.

Los bienes inmuebles de la esposa de Astudillo son dos casas, dos edificios, dos predios urbanos y un predio rústico  en Chilpancingo, Guerrero; tres departamentos en el puerto de Acapulco, y un departamento y una casa en la Ciudad de México.

Astudillo reportó ingresos anuales de 885,000 pesos por su labor como diputado del Congreso local de Guerrero. Sin embargo, su cónyuge percibe 3 millones 521,244 pesos al año.

En la declaración de intereses, se aclara que la mujer del aspirante priista es propietaria de una institución educativa de niveles básico y medio superior, aunque no recibe una remuneración por este puesto, de acuerdo con el documento presentado en la plataforma Candidato Transparente.

Los únicos bienes que Astudillo admite tener son dos camionetas Jeep con un valor de 428,000 pesos cada una, adquiridas de contado en 2014, y dos cuentas de cheques de 9,300 pesos en conjunto.


La plataforma Candidato Trasnparente, impulsada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), plantea que los aspirantes a un cargo de elección pública en todo el país transparenten su declaración patrimonial, su declaración fiscal y su declaración de intereses.

Mojica también presenta su declaración

Beatriz Mojica, candidata del Partido de la Revolución Democrática (PRD), también presentó su declaración patrimonial, declaración fiscal y declaración de conflicto de interés.

Dijo tener un departamento de 1 millón 150,000 pesos en el Distrito Federal y una casa de 1 millón 200,000 pesos en copropiedad con su hermana.

El esposo de Mojica, Francisco Virgen Cerillos, fue hasta el 31 de marzo pasado subdirector de área en la Auditoria Superior de la Ciudad de México. 

Por este puesto recibía una remuneración de 891,397 pesos anuales. Posee una casa y un terreno en Colima, Colima.

Mojica percibía ingresos anuales de 1 millón 64,447 pesos como secretaria de Desarrollo Social en Guerrero, puesto que dejó en noviembre pasado, luego de la salida de Ángel Aguirre del gobierno estatal.

La abanderada perredista adquirió en 2014 una camioneta Mitsubishi de 420,000 pesos. Tiene dos cuentas bancarias con un valor conjunto de 500,000 pesos, una cuenta de inversión por 1 millón 200,000 pesos y un seguro de vida de 890,000 pesos.


El 17 de marzo Mojica publicó su declaración patrimonial, aunque no en la plataforma del IMCO, y retó al resto de sus contendientes a sumarse a lo que calificó como un ejercicio de "transparencia" y "honestidad" y a "entrar de lleno" al combate a la corrupción.

RENUNCIA MASIVA DE MOVIMIENTO CIUDADANO DE GUERRERO; SE VAN CON ASTUDILLO




López Rosas colocó a sus familiares en la planilla del candidato para alcalde de Acapulco, se quejan


Debido a que su líder moral, Alberto López Rosas, colocó a sus familiares, primos, hermanos y sobrinos en la planilla a la presidencia municipal de Acapulco, que encabeza Andrés García García,  seguidores de López Rosas, decidieron renunciar a esta organización y se sumaron al proyecto de Héctor Astudillo, aseguró el ex presidente de Movimiento Ciudadano de Guerrero (MCG), Rubén Ocampo.

Indicó que Alberto López Rosas ha perdido piso, y solamente está velando por los intereses familiares y eso ha generado el descontento de los integrantes de Movimiento Ciudadano de Guerrero, que siempre han sido de izquierda, sin embargo al notar la descomposición que está viviendo tras los fracasos como gobierno, han tomado su propio camino.

“Nosotros representamos una expresión de la izquierda, que nos adherimos al proyecto de Orden y Paz, que representa Héctor Astudillo, la salida como ex presidente de esa organización, mi salida se debe a cuestiones personas con el líder moral del grupo, Alberto López Rosas, los que están detrás de mí al presentar mi renuncia, se vienen compañeros junto conmigo, de otra manera como activos políticos que quieren seguir participando en estos trabajos dentro del partido, y fueron ellos quienes decidieron que tomáramos el camino de apoyar al candidato del PRI, Héctor Astudillo Flores”, afirmó.

Rubén Ocampo, manifestó que el PRD ha perdido el rumbo, en estos últimos cinco años, lo que ha generado el descontento, indicó que habían seguido a su líder Alberto López Rosas, sin embargo se han dado cuenta, de que las cosas no son como pensaban, por ello se sienten decepcionados, porque después de varios años se dan cuenta del verdadero rostro de los políticos de izquierda que  solamente buscan el poder por el poder y nunca se preocupan por el pueblo, por su gente.

Además, manifestó que López Rosas siempre se ha caracterizado por beneficiar a sus familiares y a quienes realmente han hecho el trabajo de proselitismo los deja fuera de los proyectos, “siempre ha negociado para que él ocupe espacios en la política y en el gobierno, pero ahora sí se pasó, puso en la planilla a sus hermanos, primos, sobrinos y cuñadas en la planilla para presidente municipal y para colmo puso a su hermano como el número uno de los regidores, cuando hay muchas personas de lo que era su organización que son valiosos y que hubieran hecho un buen trabajo, pero quedó acostumbrado a como trabajó con Ángel Aguirre Rivero, ahora Alberto López Rosas está haciendo lo mismo y como consecuencia de ello se ha quedado solo.


Votar por el PRI




Se suele ilustrar al Partido Revolucionario Institucional (PRI), sobre todo en la prensa y en las redes, como un Tyrannosaurus Rex. La imagen transmite el mensaje de un animal antiguo, agresivo, monstruoso, carnívoro, asesino por naturaleza; uno torpe y extinto, o en vías de extinción.

Esta caricatura, sin embargo, podría no ser tan acertada. El PRI bien podría quedarse otros 78 años en el poder, recuperándolo y soltándolo a conveniencia, con los partidos “opositores” como comparsa para mantener el control de grandes porciones de la población y de los presupuestos. Eso es lo que dice cualquier análisis de sus números.

El PRI es un T-Rex en una parte: es agresivo, monstruoso, carnívoro, asesino por naturaleza. Pero no tiene nada de torpe, ni de extinto. De hecho, me sorprende que siquiera se le piense torpe (dinosaurio en cristalería). Tan el PRI no es torpe que distintos análisis indican que los escándalos del Presidente Enrique Peña Nieto y su equipo por posible corrupción o por golpes a la libertad de expresión le afectan al Gobierno federal, pero no a su partido.

¿Y qué hace que millones de mexicanos sigan votando masivamente por el PRI? Hace 15 años que perdió la Presidencia de la República y hace tres la recuperó, pero nunca ha caído, digamos, en el hoyo. Vea: en la elección presidencial de 2000, 13 millones 579 mil 718 mexicanos le dieron su voto. En 2006 fueron 9 millones 237 mil, en un proceso en el que el candidato era malo (Roberto Madrazo) y los del PAN y la izquierda se veían bastante competentes y competitivos (Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador). Y en 2012, 14 millones 509 mil 854 votaron por el partidazo. Grosso modo, 37 y pico millones de votos en 12 años (de 2000 a 2012), sólo en elecciones presidenciales.

¿Qué hace que millones de mexicanos sigan votando masivamente por el PRI? Y entiendo que una eventual respuesta tiene muchas aristas. De antemano digo que, al menos para los propósitos de este texto, no entraré en los lugares comunes (que no por comunes son falsos): que si la torta y el Frutsi, que si las tarjetas de Soriana o Monex o que si los ofrecimientos en efectivo. A esa coreografía le falta la música: lo que realmente hace que esos mexicanos vendidos voten por el PRI no son los alicientes ilegales, sino la estructura que mueve, físicamente, los recursos y los votantes.

Mi pregunta va en otro sentido. Pregunto qué alienta la decisión de esos millones que votan voluntariamente por el PRI: qué piensan, qué los impulsa por dentro.

Porque, contra los reduccionistas que se niegan a aceptar que hay priistas convencidos, sí es una decisión de muchos millones acudir a las urnas, cierto día, a cierta hora, y frente a una boleta y con el marcador en la mano pintar una X sobre el logotipo de su partido: el PRI. ¿Es porque ven un país creciendo, en paz, que resuelve sus problemas y que imparte justicia? ¿O acaso ven un país que no vemos los demás; uno que va hacia allá, hacia ser más justo, más equitativo, menos violento? ¿Qué es lo que les hace voluntariamente depositar su confianza y el futuro de sus hijos en el PRI?

He escuchado muchos argumentos. Algunos dicen que es “la ignorancia” la que lleva a muchos a votar por el PRI; otros más, que el miedo al cambio. Hay quien sostiene que es pereza mental en dosis extrema, o egoísmo en dosis que envenenaría a cualquiera. O que son monos amaestrados por la televisión. Habrá mucho de eso, sin duda. Pero hay más.

Entre esos que votan voluntariamente por el PRI debe haber razones muy diversas. Enumero algunas:

1. Es la “tradición familiar”. El abuelo votó por el PRI, el padre votó por el PRI, el hijo hace lo mismo. No importa cómo hayan vivido esas tres generaciones: se vota PRI y ya, porque es lo que saben hacer mejor.

2. Es la incompetencia de la oposición en elecciones. Los candidatos son malos o no inspiran confianza. Los del PRI son malos por conocidos. Se vota PRI.

3. Es incompetencia de la oposición cuando es gobierno. Lo resumo en un solo caso: ese fraude llamado Vicente Fox… aunque puedo agregar a Felipe Calderón y a infinidad de opositores locales que llegan ganan elecciones.

4. Es conveniencia. Les conviene votar por el PRI. Qué importa cómo le vaya al país: eso no está en el razonamiento; es porque un primo de un primo podría resultar beneficiado. O el amigo de un amigo. Y como el PRI reparte, pues mejor el PRI que cualquiera.

5. Es por amor-egoísmo. Ama al PRI. Ama lo que representa, lo que le ha dado, lo que le promete y lo que le cumple, si es que le cumple. Y el amor es ciego. Y el amor es, además, un sentimiento egoísta. Es un “te amo a ti, a quien he escogido, y no a todos los demás”. Aún en el amor que une a una familia o a más de un individuo; en el amor que tiene un fan por su equipo de futbol, hay ese egoísmo.

Fin de la lista.

***

En junio de 2009 escribí en el periódico El Universal: “Mi padre votó por el PRI. Mis tíos [maternos], por la izquierda. Mi madre tuvo claro que votar era un acto en solitario y recomendó (sólo eso) que, excluidos por pertenecer a una religión minoritaria, no lo hiciéramos por el PAN. Yo he votado sin falta desde que tengo 18 años. Hicimos muchas veces lo que nos llamó el deber”.

En ese texto, y en algunos posteriores, anuncié que no votaría. Estaba harto del país de Felipe Calderón. Estaba harto de las opciones que ofrecían los partidos.

A toro pasado, creo que nos equivocamos los que alentamos en 2009 la abstención. Había mucho coraje contra el PAN y contra la guerra de Calderón; pero nos equivocamos. El PRI es una maquina muy bien enaceitada de votos: promesas a pasto y pagos en abonos le han permitido conservar una masa de egoístas. Con ayuda de los gobernadores, es una fábrica de cooptación, una mano larga para corromper: ofrece y da de aquí y de allá para mantener su base sólida. Creo, entonces, que un llamado responsable hoy es a votar, masivamente.

Nos equivocamos en 2009 y el PAN se hundió: tres años después, la experiencia Calderón lo mandó al tercer sitio en las presidenciales. Pero el castigo trajo de regreso al PRI. Sus millones de arrastrados aceptaron otra vez la rebanada de aire y recuperó la Presidencia de México. Y, bueno, para redondear cifras tan altas hay que aceptar que otros votan voluntariamente por ese partido.

Simpatizo con Javier Sicilia. Honesto y fiel a sus creencias, ciudadano en armas, aliado de causas que a pocos le interesan, es un individuo con el que yo quisiera marchar, si es que fuera activista y marchara. Pero ya vimos que romper sin traer el pegamento en la mano termina en un acto puro de anarquismo. Su mismo movimiento lo ha padecido. El llamado de Sicilia a no votar es entendible pero no creo que arroje soluciones viables, por ahora, en este momento.

La mezcla de acarreados y convencidos hace obligatorio votar masivamente por otras opciones si se quiere reducir el poder del partido que tanto daño ha hecho a México. No soy analista político ni mago; apenas soy un observador que les dice: a mis 47 años, las únicas veces que he visto a las ratas correr de regreso a las alcantarillas, por lo menos temporalmente asustadas, es cuando millones salen a las calles con el garrote en la mano (un voto por cabeza) a enfrentar al sistema.

Ya se que luego se cuelan los pendejos como Fox. Ya lo se.

Pero ese es tema para luego.

***

Ahora vuelvo a la pregunta original: ¿Qué hace que millones de mexicanos sigan votando masivamente por el PRI? Tengo una hipótesis: es porque el PRI da resultados. Y antes de que me caigan a palos, déjenme argumentar.

Es como irle a un equipo de futbol: no da nada, nunca; un equipo de futbol no resuelve la pobreza, la desigualdad, la injusticia; pero alguna vez cada tres o seis años, por lo menos, permite sentir a muchos millones que han ganado. Los que ganan son los jugadores pero millones sienten como propio el triunfo. Seis años la pasan del nabo, y un día en esos seis años su equipo gana. Gran borrachera (como después de una final de futbol); un sentimiento de triunfo inigualable sigue a la “victoria colectiva”. Y luego, otra vez, a la amargura de los días.

Y así ha sido siempre, por lo menos desde la Revolución. Los obreros tienen su 1 de mayo, por ejemplo; los universitarios, el 20 de noviembre. Días de marchar en celebración. Días en los que el gobierno (o el partido tricolor) son uno y uno mismo. Aunque después, a la inmensa mayoría, le vaya de la chingada.

Millones de amaestrados para esos estímulos: millones que ven como propio el triunfo del PRI aunque no les dé más que rebanadas de aire y desazón. Millones que un día disfrutan “su triunfo” aunque en la misma borrachera, los líderes priistas les roben la cartera y los zapatos, la camisa y la mujer. Ejércitos que llevaban el rostro de Eruviel Ávila en las banderas y nunca más lo volverán a ver. Millones que aplaudieron bajo el sol al candidato de las estrellas, Enrique Peña Nieto. Millones que por lo menos un día cada seis años sienten ser parte de algo, y en realidad lo son, aunque no como ellos creen. Son parte de la masa infame que mantiene a los verdugos del país en el poder. Son el voto duro: el que ha sostenido a una sola clase en el poder. Suena rudo, pero así es.


No veo más opción que mandar a esos millones de regreso a casa con su equipo derrotado. Una y otra vez. Y los partidos de oposición deben llevarle justicia social, equidad, seguridad a esos que han salido derrotados en la cancha (o en las urnas) para que entiendan que es posible cambiar, sin consecuencias, de equipo. Y que de hecho cambiar de equipo puede resultar mejor.

De otra manera, lamento decirles, el PRI conservará otros 78 años las bases que lo sostienen.

Esos millones que, aunque los defraude, votan por el partido que empobreció a sus abuelos, que empobreció a sus padres, que los empobreció a ellos y que empobrecerá a sus hijos y a sus nietos, deben encontrar en la oposición una oferta viable. Hay que hacerlos olvidar su amor-egoísmo por el PRI. Dejar de aman lo que representa –como un equipo de futbol–, lo que les ha dado y quitado, lo que les promete y lo que les cumple, si es que le cumple. Y el amor es ciego. Y el amor es, además, un sentimiento egoísta. Pero es posible desamar, y aquí se me ocurre sólo una fórmula: un clavo saca otro clavo.

Por eso creo que, si millones siguen amando al PRI, es porque han encontrado puros adefesios en la oposición.

Insisto: qué dinosaurio ni qué ocho cuartos. El PRI es el PRI, señores. Debería vérsele con más respeto. Deberían quitarse el sombrero cuando sus colores se levantan.


No se malinterprete: no hablo de bájense los calzones. No como lo hacen esos millones que siguen secuestrados moralmente por el partido de las mayorías.