lunes, 15 de septiembre de 2014

Ganador de la elección



Por ROBERTO RAMÍREZ BRAVO La Jornada Guerrero

En la elección del Partido de la Revolución Democrática (PRD) para consejeros nacionales, estatales y municipales, realizada el domingo 7, el principal ganador fue el gobernador Ángel Aguirre Rivero.

No, por cierto, porque haya ganado la mayoría la corriente que encabeza su hijo Ángel Aguirre Herrera, Izquierda Progresista de Guerrero (IPG), sino por varios indicadores por separado que conviene analizar.

Por una parte, ganó en términos de gobernabilidad. La elección no descompuso ni mínimamente la estabilidad política del estado, ni siquiera la estabilidad interna del PRD, como ocurrió en la última elección donde las escenas que se repetían eran las de urnas quemadas y de militantes en pleno jaloneo. Las denuncias que ahora se presentaron bien pueden trasladarse a las instancias legales correspondientes, en las que se podrá aportar todo tipo de pruebas, pero no fueron un escenario que de manera indiscutible e inobjetable todos pudieran ver.

Por otra parte, si en forma natural Aguirre Rivero podría considerarse una especie de jefe político dentro del PRD, los resultados de la elección le dieron un estatus casi jurídico a ese liderazgo informal: la suma de IPG con todos sus aliados, es mayor a la suma de Grupo Guerrero y la planilla ADN8, lo que tiene sus efectos indudables en la composición del Congreso estatal y, para lo que viene, en la definición de candidaturas para 2015.

En eso hay una clara diferencia entre Aguirre Rivero y su antecesor, el contador público Carlos Zeferino Torreblanca Galindo, pues mientras éste último intentó crear una corriente, la Izquierda Renovadora, encabezada por un funcionario suyo en funciones, Julio Ortega Meza; Aguirre Rivero impulsó a su hijo, que se desempeña en un poder distinto, el Legislativo.

Torreblanca entró en histeria con el PRD, al que no pudo controlar, y terminó rompiendo de manera estrepitosa y visceral con este partido, al grado de que perdió la oportunidad de postular a quien quería que fuera su sucesor. Aguirre por lo contrario, logró colocar a su corriente, y en consecuencia lógica tener el control sobre el partido a través del Consejo, que a su vez definirá quién lo habrá de dirigir y quiénes serán candidatos a la gubernatura y a las alcaldías.

En esas circunstancias, no será necesario que la fuerza mayoritaria tenga que convencer (“comprar”, dijo David Jiménez Rumbo) a delegados de otras corrientes para imponerse. Además, la fascinación que produce el poder hará que delegados de corrientes minoritarias sumen su apoyo a quien representa la mayor fuerza y, en consecuencia, la posibilidad de tomar mayores decisiones.

En una conferencia de prensa, Jiménez Rumbo dijo que el gobernador “no conoce a este PRD”, pero según parece se equivocaba: tan lo conoce Aguirre Rivero, que logró imponerse a todas las corrientes. La fuerza del aguirrismo, comandada por el diputado Aguirre Herrera, podrá exhibir sus credenciales como auténtica fuerza ganadora dentro del PRD, como en la elección pasada lo hizo Grupo Guerrero junto con sus aliados.

Difícilmente podrá argüirse ahora que la intervención del aguirrismo en el sol azteca sea una irrupción o un acto de intervencionismo, como en su momento se adujo del involucramiento de Torreblanca Galindo en los asuntos del PRD, porque el entonces gobernador ni siquiera estaba afiliado al partido. El aguirrismo, en cambio, ya sacó su carta de legitimidad.

Lo que no es muy claro es quién habrá de ser beneficiario en cuanto a la postulación como candidato a gobernador, toda vez que el abanderado tendrá que salir de un acuerdo político.

El aguirrismo, en este momento, es la corriente preponderante en el PRD de Guerrero, no sólo por la fuerza de quien lo encabeza, que es el gobernador, sino por la fuerza que da la legitimación en las urnas.

¿Será Armando Ríos Piter el candidato, en este contexto? Eso parece, cada vez, menos probable. ¿Lo será Sofío Ramírez Hernández? El escenario natural sería que sí, pero aún habrá que esperar definiciones. ¿Alguien en tercería?


La respuesta a todas estas preguntas, por insólito que parezca, está en el aguirrismo. n