Por Adán Ríos Parra
Las jornadas democráticas de ejercer el voto de manera libre
y secreta se han ido perfeccionando en los últimos años. Lejos quedaron
aquellos tiempos de la denominada dictadura perfecta priista, del partido
oficial que usa los colores de la bandera, del tapado designado por dedazo,
aquella idea sindicalista del que se mueve no sale en la foto, de buscar el
carro completo o la aplanadora, del uso de mapaches electorales para la
operación zapato, el carrusel y toda una jerga de dislates en torno a un
acontecimiento que significa, fiesta para los ciudadanos.
En el gobernante electo se deposita el poder que le delegan
los ciudadanos, asume la responsabilidad con el respaldo popular que le otorgó
con su voto y la declinación que por ella hicieron los demás aspirantes y la
confianza en Beatriz Mojica Morga como gobernadora.
Pero, llegar al cargo no es suficiente. Los partidos
políticos no siempre gozan de la simpatía popular. La democracia es una ruleta,
es algo que difícilmente se puede controlar. Aunque haya quienes señalan que la
política es una ciencia.
Es más bien un arte, la idea de ejercer el poder; el
gobernar a los ciudadanos y cada pueblo es diferente, mientras en algunos
lugares los académicos e intelectuales dan buenos resultados, como en el centro
del país, en otras regiones rurales se necesitan políticos populachos, que la
gente los aprecie, que se siente a comer con ellos, que baile en sus fiestas
religiosas, que apoyen las corridas de toros, que los visiten aunque sea para echarse
un taco. En otros lugares el prestigio social es lo más importante. Sobre todo
en territorios conservadores, donde los valores familiares y de sana
convivencia, y el abolengo son fundamentales.
Así que los gobernantes tienen que identificarse con el
pueblo como lo ha hecho Beatriz Mojica Morga, de otra manera el poder delegado
se desdibuja con el paso de los días; habría que ver como el alcalde capitalino
Mario Moreno Arcos no le permitieron la instalación de parquímetros, cuando en
otro momento era aclamado y hasta pudo haber sido candidato al gobierno estatal
por el tricolor.
La incertidumbre es lo más característico en el ejercicio
del poder. En escenarios adversos, si los gobernantes no actúan conforme a los
ciudadanos esperan, pierden el encanto y simpatía de sus gobernados, eso
ocurrió con las reformas federales y por eso ahora el voto de castigo hacia el
tricolor.
Es como un juego donde si los gobernantes reciben el
respaldo de su pueblo, lo que éste espera es reciprocidad, no que roben sus arcas
para comprar mansiones de lujo. No que usen las despensas y diversos apoyos
sociales para promover su imagen, sino para realmente entregarlas en casos
urgentes. La respuesta negativa a una solicitud es lo que hace que los
gobernantes pierdan el respaldo de su pueblo, que los vean con desdén y que en
la siguiente oportunidad pierdan su apoyo a la hora de emitir su voto como pasó
con los gobiernos priistas.
La elección de Beatriz Mojica Morga como gobernadora, es
mero pretexto, lo que falta es lograr su legitimidad de manera contundente en
las urnas y con su forma de ejercer el poder, sin abusos y sin excesos es como
la pronto la veremos.
Correo: ariosp@unam.mx

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