Rogelio Ortega está a punto de cumplir seis meses como
gobernador de Guerrero. Todo hace indicar que celebrará el medio año al frente
de esa responsabilidad diciendo adiós al puesto. Su paso por la gubernatura
habría sido inútil. La ingobernabilidad en el estado sigue, la criminalidad
también. Los añejos factores de poder nunca dejaron de serlo, esos que han
sacudido el tapete hasta derribar al señor Ortega, que ni quiso ni pudo hacer
política. No es del todo su culpa, él formó parte de una media solución ideada
desde el centro, y las medias soluciones nunca son soluciones reales.
Ángel Aguirre Rivero es incorregible. Como dice el corrido,
no entiende razones. Lo saben en el PRD y lo saben en Los Pinos, que batallan
para contener al exgobernador. Cuando el mandatario con licencia quiso influir
en la elección del candidato del PRD, funcionarios del gobierno federal le
hicieron saber a los líderes del partido del sol azteca que Aguirre no debería
enturbiar el ambiente electoral, ya de por sí caldeado.
De Los Pinos llamaron a Los Chuchos y les pidieron llevar un
recado. Que Ángel se olvide de que el senador Sofío Ramírez puede ser el bueno,
fue el mensaje. De lo contrario, el gobierno tomaría cartas en el asunto.
Uno de Los Chuchos fue con el mensaje. Ángel negó estar
promoviendo a Sofío. Pasaron los días y una nueva llamada del gobierno federal
llegó. Ángel no entiende, es en serio, que pare su operación, reiteró el PRI
gobierno, según una fuente que estuvo al tanto de los contactos. De nueva
cuenta el exgobernador dijo que él no estaba activo. La tercera ya no fue una
petición. El reclamo llegó en forma de orden de aprehensión para Mateo Aguirre
Rivero, su hermano, y para varios de sus amigos y excolaboradores.
Eso fue en febrero. El manazo federal también alcanzó,
políticamente, al hijo de Aguirre, que tuvo que renunciar a la candidatura de
Acapulco. Los Aguirre, cuya base social es innegable, enfocaron sus baterías
contra Rogelio Ortega, que está a punto de sucumbir a una semana de rumores
donde, con Sofío como punta de lanza, se habló de que al vencerse el plazo de
la licencia solicitada por Aguirre Rivero, el 24 de este mes, en una de esas el
exgobernador se decidía a retornar, ya sea para quedarse en la silla o para
ceder el puesto al senador Sofío, que en una declaración que habrían celebrado
por igual Carlos Monsiváis o Nikito Nipongo, dijo que si había “necesidad de
dejar la comodidad del Senado” para atender la problemática social de su
estado, él estaba a la orden. La comodidad del Senado… a confesión de parte
relevo de pruebas.
El miércoles Sofío seguía levantando la mano, y si bien hay quien
no descarta que Ortega pueda sobrevivir el embate aguirrista, otras fuentes
señalan que trae unanimidad… pero en contra. Por ello, los momios favorecen a
Amador Campos Aburto, que sería el bueno para tomar la estafeta.
Mientras todo eso pasa en el planeta de la grilla, donde los
asuntos mundanos no importan gran cosa, a ras de suelo, en el territorio que
habitan los ciudadanos, la inseguridad sigue. El miércoles, fueron cuatro los
ejecutados en Acapulco, cuatro más en un año en que en el puerto, y hasta la
semana pasada, se han contabilizado la friolera de 311 asesinatos.
Seis meses de Rogelio Ortega que no sirvieron de nada, salvo
para que los Aguirre hicieran sentir de nuevo su peso. No vuelve Ángel, pero no
se ha ido.