Por Gloria Leticia Diaz / Proceso
14Junio2015
ACAPULCO, GRO. .- Marcado por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la violencia generalizada, el proceso electoral que culminó el domingo 7 se realizó bajo la sospecha de un “acuerdo previo” entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y la dirigencia nacional del PRD para que ganara la candidata Beatriz Mojica, pero ni así pudo remontar la tragedia de Iguala.
Los comicios sirvieron también para redefinir las principales fuerzas políticas de la entidad: las cabezas de los cacicazgos de Rubén Figueroa Alcocer y Ángel Aguirre Rivero quedaron muy disminuidos, mientras que la división de las izquierdas es un hecho consumado.
La jornada estuvo plagada de acusaciones de compra y coacción de voto, escándalos mediáticos —filtraciones de llamadas telefónicas y videos que exhibían estas prácticas— y la sombra del crimen organizado, que se mantuvo hasta el final. Sin embargo, no se pudo establecer cuál fue el impacto real de esos factores en las urnas, por la ausencia de denuncias.
La alianza PRI-PVEM, con Héctor Astudillo a la cabeza, cortó el dominio del PRD en los últimos 10 años con casi 80 mil votos de ventaja para la gubernatura; también triunfó en siete de los nueve distritos federales, la mayoría de las 28 diputaciones locales y al menos en la tercera parte de los 81 ayuntamientos.
DURO GOLPE
El PRD mantuvo la alcaldía de Acapulco, aunque perdió los dos distritos federales y seis de siete locales. Y como los votos para la gubernatura fueron para Astudillo, el resultado es un duro golpe para la izquierda porteña, que desde las elecciones de 1988 venía apoyando al PRD.
La tragedia de Iguala, los presuntos nexos del otrora José Luis Abarca Velázquez y su esposa con el cártel Guerreros Unidos, la caída del gobernador Ángel Aguirre y los procesos judiciales por corrupción a familiares y miembros de su gabinete le pasaron la factura a los perredistas.
Consultados al respecto, dirigentes del PRD estatal sostienen que además de ese complicado escenario, una estrategia errática del delegado del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) perredista, Guadalupe Acosta Naranjo, confiado en un presunto acuerdo con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, terminó por hundir al partido.
Las mismas fuentes perredistas, reacias a proporcionar su nombre para evitar represalias, insisten en que Peña Nieto “pactó” Michoacán y Guerrero en pago por el acompañamiento del PRD en las reformas legislativas impulsadas por la Presidencia.
REPARTEN LANA…
De acuerdo con uno de los entrevistados, “Los Chuchos empezaron a hostigar al Jaguar (el senador Armando Ríos Piter) que iba arriba en las encuestas de preferencias a la gubernatura para posicionar a un candidato de su corriente. De ahí surgió la candidatura de Beatriz Mojica Morga”.
Otro comenta que Acosta Naranjo le encomendó al hidalguense José Guadarrama Márquez “el programa de promoción, movilización y estructura electoral, si bien la conducción no estaba exenta de improvisaciones y de falta de dinero para operar”.
“Pero tres semanas antes Acosta Naranjo mandó todo a la chingada y puso otro programa. Vino un pool improvisado en la movilización y se repartió lana a lo pendejo. La última semana ya no llegó el apoyo que le dábamos a los promotores: mil pesos a la semana.”
Otro líder enterado de las supuestas negociaciones con Gobernación comenta que un mes antes de la elección Los Chuchos le reclamaron al PRI por un incumplimiento de los acuerdos, porque Astudillo iba creciendo en las preferencias. Asegura que los priístas respondieron que el compromiso de Peña Nieto era respetar al PRD los triunfos que obtuvieran en los comicios.
ERRORES DEL PRD
Y es que a diferencia de la alianza PRD-PT, apunta uno de los consultados, “los priístas mantuvieron la estructura de la elección de 2012, que ‘aceitaron’ con dinero, y realizaban reuniones en casa; ni siquiera ganaron más votos que hace tres años”.
Para el ex senador David Jiménez Rumbo —de la corriente Grupo Guerrero y sucesor de Armando Chavarría Barrera, asesinado en 2009—, la derrota también se explica por errores en el seno del PRD.
“Fuimos perdiendo la gubernatura en abonos”, reflexiona.
Entrevistado por Proceso, Jiménez acusa a la corriente de Nueva Izquierda (NI) en Guerrero de la debacle del PRD por atropellar a las demás expresiones de su partido y obstaculizar una alianza con Movimiento Ciudadano, cuyo candidato a gobernador, Luis Walton, obtuvo alrededor de 90 mil votos.
EL FACTOR AGUIRRE
El factor Aguirre, comenta, influyó también en los resultados: “Si bien Lázaro Mazón llevó a José Luis Abarca al PRD, Sebastián de la Rosa (líder de NI en Guerrero) y Aguirre lo solaparon, sin contar con que miembros de su familia y de su gabinete están en la cárcel por rateros. Eso lo sabíamos los perredistas y nadie lo denunció. Eso se cobró en las urnas.”
“Los aguirristas negociaron alcaldías y regidurías como si fueran una corriente más del PRD, y luego abandonaron a sus candidatos y se fueron al PRI, lo que para mí está bien, porque ahí está su origen”, puntualiza.
Sobre la injerencia de los grupos delincuenciales en la elección, Jiménez comenta: “Siempre ha habido narco e inseguridad en Guerrero. No es cierto que eso nos haya parado. Fueron las fracturas de la izquierda, los conflictos, los que impidieron una alianza con Movimiento Ciudadano, así como la mala integración de las planillas para alcaldías y postulación de personas con algún parentesco con los líderes.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario