Por David Espino
Más de mil mujeres en Guerrero, entre ellas muchas
políticas, han pasado por el consultorio del cirujano estético Javier Solorio.
En México tienen más credibilidad las personas que se
dedican a la comedia, a la farándula que un artista o un científico.
Uno
La última vez que la vi no la reconocí. Héctor Astudillo
Flores, candidato del PRI-PVEM a la gubernatura de Guerrero, presentaba a su
equipo de campaña y ahí estaba ella. “¿No sabía que Ericka Luhrs tuviera una
hija?” Pensé, aunque tampoco tendría por qué saberlo. Pregunté a un par de
colegas y me dijeron que no, que era ella: Ericka Lorena Luhrs Cortés en
persona. La recordaba de hacía años, con unos kilos de más, la cara redonda con
un par de arrugas coquetas, bolsas abajo de los ojos, papada. Una señora, pues.
Pero ahora, la piel lozana de una jovencita, la figura esbelta, las nalgas
firmes, las tetas bien puestas. ¡Qué avanzada está la ciencia! Me dije.
¿Por qué debe importar que una funcionaria, una política, se
opere para mejorar su aspecto? ¿Qué de relevante tiene si se trata de una
decisión personalísima? ¿Es una decisión personalísima?
Dos
En el siglo XIX Óscar Wilde escribió que Dorian Gray
trasladó a su retrato el paso de los años, el peso de sus excesos y su maldad,
mientras él se hacía cada vez más joven, más bello, más erótico. La belleza
inacabable ha sido obsesión de la humanidad más allá de los tiempos en que los viejos
alquimistas buscaban la fuente de la vida eterna. Ahora a ese fenómeno le
llaman narcisismo, por aquél mancebo griego, Narciso, que por haber despreciado
a una ninfa ésta lo maldijo para que se enamorara de sí mismo. Y así fue.
Gilles Lipovetsky, filósofo, sociólogo francés, hace alusión
a este fenómeno en la política. Hay una “seducción a la carta”, dice en La era
del vacío, editada en 2000 por Anagrama, que rige a esta sociedad de consumo
que impera: “Con la profusión lujuriosa de sus productos, imágenes y servicios,
con el hedonismo que induce, con su ambiente eufórico de tentación y
proximidad, la sociedad de consumo explicita sin ambages la amplitud de la
estrategia de la seducción”.
La seducción -dice- es hija del individualismo hedonista
mucho más que del maquiavelismo político. “¿Perversión de las democracias,
intoxicación, manipulación del electorado por un espectáculo de ilusiones?”.
Reciclar el cuerpo, sugiere el sociólogo, “es luchar contra su obsolescencia,
combatir los signos de su degradación por medio de un reciclaje permanente
quirúrgico, deportivo, dietético, etcétera: la decrepitud ‘física’ se ha
convertido en una infancia.
“La personalización del cuerpo reclama el imperativo de
juventud, la lucha contra la adversidad temporal, el combate por una identidad
que hay que conservar sin interrupción ni averías. Permanecer joven, no
envejecer: el mismo imperativo de funcionalidad pura, el mismo imperativo de
reciclaje, el mismo imperativo de desubstancialización acosando los estigmas del
tiempo a fin de disolver las heterogeneidades de la edad”.
Tres
Con Ericka Luhrs tenemos conocidos en común, varios. Para
ser precisos, según Facebook , 52 “amigos”. Hay uno que salta a la vista. El
cirujano plástico Javier Solorio Almazán. Javier entiende poco de política o,
dicho de otro modo, lo único de político que tiene Javier es su hermano:
Ramiro. Pero Javier sí entiende a las mujeres que lo buscan, por cientos, en su
consultorio del Hospital Papagayo, en Acapulco, donde platico con él.
-Muchas mujeres -dice el cirujano en su consultorio-
vinculan un rostro bonito, unos senos bonitos, una forma bonita, con el éxito.
Cuando lo dijo recordé lo que había leído sobre el éxito en
La era del vacío, de Lipovetsky. “El ‘éxito’ -dice Lipovetsky- sólo tiene un
significado psicológico: La búsqueda de la riqueza no tiene más objeto que
excitar la admiración o la envidia. En nuestros sistemas narcisistas, cada uno
corteja a sus superiores para obtener un ascenso, desea más ser envidiado que
respetado y nuestra sociedad, indiferente al futuro, se presenta como una
jungla burocrática donde reina la manipulación y la competencia de todos contra
todos”.
-¿La belleza vinculada con el éxito? -le repito al cirujano,
como si no hubiera entendido bien lo que dijo.
-Muchas mujeres así lo conciben. Pero hay otra cosa: lo
único que es tuyo, y no estoy filosofando, es tu cuerpo, de tu piel para
adentro. Lo que está de tu piel para afuera no te pertenece: tu carro, tu
celular, tu mochila, tu cámara, eso es ajeno a ti –dice, como para convencerme
de la conveniencia de su labor.
Sigue: “Yo he visto, no te imaginas, transformaciones
importantísimas en mujeres que después de que tuvieron tres, cuatro hijos o
mujeres que no tienen nada de seno, se sienten inseguras, porque es su cuerpo.
Muchas de ellas se operan y si antes ocupaban un puesto medio en una empresa,
después suben a gerentes o puestos directivos importantes. Eso les da mucha
seguridad en su persona para desenvolverse en un medio social”.
-¿Sin tetas no hay paraíso? -sugiero en referencia al libro
del colombiano Gustavo Bolívar Moreno sobre la obsesión de los implantes que
tienen muchas chicas en Colombia, y en Brasil y en Venezuela… y en México.
-Leí ese libro y la verdad es que no me gustó -dijo en el
ascensor cuando ya nos despedíamos.
Encogí los hombros.
Momentos antes, cuando le hice la pregunta todavía en su
consultorio, no dijo nada. Supuse que no sabía de qué le estaba hablando.
Entonces le pregunté si no había visto el mismo fenómeno en la política.
-¿Cuál? -evadió, supongo que evadió.
-Ése de que ciertas políticas hayan sido secretarias o algo
así y luego diputadas, o viceversa, luego de una cirugía plástica.
-¡Desde luego!
-¿No recuerda algún nombre?
-Claro que lo recuerdo pero guardo secreto profesional,
respondió.
Días después le recordé que teníamos una conocida en común
en Facebook: Ericka Luhrs. No dijo más.
Cuatro
Cambios de Rosario Herrera se puede hacer un ejercicio a
partir de los retratos de Luhrs que aparecen en Google y ver su transformación
gradual. O mediante videos de YouTube. En 2008, cuando era diputada local lucía
regordeta. La papada y los cachetes la hacían ver como una señora dedicada a la
casa y a la cría de los hijos, con excesos en su alimentación. Poco después se
fue a la Secretaría de Desarrollo Social de Acapulco, con el recién alcalde
Manuel Añorve Baños, donde no cambió mucho su aspecto.
Pero cuando Añorve la nombró secretaria de Turismo empezó el
cambio. Se le ve rejuvenecida y esbelta, como si sus asistentes fueran aquéllos
alquimistas que buscaban la piedra filosofal y la hallaron. Para su regocijo. O
si al fin algún pintor había hecho de ella una pintura mágica como la de Dorian
Grey. En una entrevista que le hacen con motivo de un torneo deportivo en 2012,
ya no es la diputada gorda y acartonada de hacía cuatro años. Ahora es una
chica guapa, de veinte y diez, jovial y de dientes perfectos.
-Y la dentadura perfecta… -le sugerí en la entrevista al
cirujano Javier Solorio.
-Así es, todo va de la mano. Y yo no lo veo mal, qué bueno
que sean vanidosos con su cuerpo. Es su figura. Es increíble ver a políticos
que traen camionetas de un millón de pesos y sus dientes podridos o chuecos o
todos gordos. Deberían de cuidar primero su cuerpo, su figura, lo que ellos son
y luego todo lo demás.
El cambio de Ericka Luhrs en 2013, cuando es nombrada
delegada de la Comisión para la Regularización y Tenencia de la Tierra es
radical. El retrato que aparece en este link, un blog acapulqueño de noticias,
con un aire muy a la Britney Spears me dejo, no digo que sorprendido, porque la
sorpresa mayor fue cuando Astudillo presentó su equipo y a ella como vocera. Allí,
ya lo dije, lucía no como Ericka Luhrs si no como hija de Ericka Luhrs.
-¡Qué no! -me dijeron los colegas-. ¡Qué es ella!
Crucé varios whatsapp y llamadas con Ericka Lhurs. Quería
entrevistarla, no para preguntarle si en efecto se había hecho cirugía
plástica. No quería correr el riesgo de aquel periodista gringo que se sintió
muy avezado y le preguntó a Juan Gabriel -hace ya varios años- si era
homosexual.
-Ay mi’jo -respondió Juan Gabriel, más con lástima que
ofendido-, lo que se ve no se juzga.
No. Lo que yo quería preguntarle a Lhurs eran cosas como:
¿qué importancia tiene la apariencia física en su carrera política? ¿Qué piensa
del uso de la imagen sofisticada en las campañas electorales? ¿Qué del uso del
Photoshop para perfeccionar una imagen de un candidato o candidata? Y así.
Intercambiamos varios mensajes y un par de llamadas, ya
dije, pero nunca pudimos coincidir para hacerle en persona estas preguntas y me
pareció una lástima.
Cinco
No sólo de Ericka Luhrs Cortés se puede hacer el ejercicio
de comparar retratos del pasado no muy pasado y notar cambios muy marcados. Lo
mismo puede hacerse con las perredistas María Antonieta Guzmán Visairo, Rosario
Herrera Ascencio, Ana Lilia Jiménez Rumbo, y la priísta Alicia Zamora Villalba,
coordinadora de campaña de Héctor Astudillo… No hay, desde luego, gracias al
secreto profesional, cirujano que lo señale. Ni falta que hace. A veces los
señalamientos no tienen la fuerza y la elocuencia de las imágenes.
No hay, tampoco, comparación entre Lhurs y el resto de sus
colegas políticas.
Un compañero que se enteró que hacía este reportaje me pasó
una imagen de María Antonieta Guzmán Vizairo que vio en Facebook. Es una imagen
donde, por el texto que la acompaña, buscan denostar a la ahora ex perredista.
Dice: “Primero anduvo con Zeferino (Torreblanca Galindo) que la sacó de su
oficio de estilista, y la hizo regidora desplazando a perredistas, luego se fue
con los chuchos que la hicieron diputada local sin merecerlo donde usó el cargo
para mejorar su figura…”, y en ese tenor sigue. ¿Importa lo que tuvo que hacer
María Antonieta para escalar en la política? ¿Importa que haya usado el cargo
de diputada para mejorar su figura? ¿Hasta dónde importa?
Más allá del texto. La imagen que se ofrece es elocuente.
Son tres fotos en secuencia ascendente o viceversa, como quiera vérsele. En la
primera se ve a una María Antonieta avejentada, haciendo declaraciones airadas
a la prensa -se nota por las grabadoras reporteras que asoman y por la
expresión de su cara-. En la que le sigue está sonriente y más cuidada, aunque
con dientes desparejos y arrugas en el contorno de sus ojos; haciendo la V de
la victoria. La tercera es por completo diferente. Se ve a una Guzmán Vizairo
rejuvenecida, sin los pliegues que los años marcan en el cuello, sin patas de
gallo en los ojos, con los dientes blancos y alineados.
María Antonieta Guzmán VisairoEl cuerpo de Rosario Herrera,
candidata a diputada local por el distrito cuatro, y de la diputada Ana Lilia
Jiménez, -ambas perredistas aunque con marcada diferencia de edad; Ana Lilia
ronda los treinta y más y Rosario los cincuenta y diez- tienen algo en común.
El de Rosario es curvilíneo, robusto pero curvilíneo; el de Ana Lilia también,
aunque con un trasero más prominente, desafiante de la gravedad. Desde que fue
secretaria de la Mujer, Rosario Herrera dio muestra que le gusta lo
sofisticado. En una entrevista que le hice allá por 2012, cuando investigaba un
reportaje sobre femenicidios en Guerrero, me llamó la atención su afán por
lucir lozana e impecable y su afición por las buenas marcas.
Sobre su pecho y sus lóbulos colgaba un conjunto Christian
Dior. No le pregunté si era genuino. Y no importaba, lo que pensé fue: ¿cómo
una mujer que se dice preocupada por el bienestar de sus congéneres, sobre todo
de las que viven en condiciones vulnerables, puede lucir en su oficina un
conjunto del diseñador francés, falso u original? ¿Hasta dónde la hace lucir
fatua, banal? Después, ahora, la vi en campaña junto con la candidata a
gobernadora, Beatriz Mojica Morga, y no sé por qué me pareció más joven, más
esbelta.
La diputada Ana Lilia llama la atención de inmediato. Desde
el área de prensa de la sala de sesiones del Congreso local se ven sus curvas.
La vi de cerca el día -la víspera del 13 de septiembre de 2014- que fui a
preguntarle por qué habían decidido entregarle la presea Sentimientos de la
Nación al escritor José Agustín. Decir que tiene treinta y más es un juicio de
valor. Por su cara sin expresiones al hablar, al reír, bien se puede decir que
tiene una edad indeterminada, y seguiría siendo un prejuicio. La pregunta,
desde luego era capciosa, y la respuesta fue hueca, con ese vacío de quienes
hablan por hablar. Le pedí entonces si podía mencionar tres títulos del
escritor laureado por el Congreso del estado y lo que dijo me provocó
sentimientos encontrados.
-Me duele la barriga, de veras, no tengo cabeza para pensar
en eso.
Dijo y se fue contoneando. Un vaho de perfume caro quedó a
su paso.
Seis
En el recibidor del consultorio 302 del Hospital Papagayo,
en Acapulco, cuatro mujeres jóvenes, senos firmes, culos firmes, curvilíneos,
dos con hijos pequeños, esperan a que el cirujano Javier Solorio las reciba. El
médico bajó al área de hospitalización a dar de alta a una paciente; mientras,
ellas juegan con su celular, textean. Y los niños, una chica y un chico, juegan
con su impaciencia.
Javier por fin aparece. Las mujeres tienen cita y en ese
orden entran a consulta. Es martes, afuera el clima llega a 36 grados, adentro
a unos 22, gracias al aire acondicionado. La primera es una chica que camina
como robot, trae una faja desde abajo del abdomen hasta los hombros; viene
acompañada de una señora, su madre, bien pudiera ser. Dilatan poco menos de una
hora, cuando sale, sale sin faja y caminando normal. Esbelta y lozana. La
segunda es una mujer alta, piel canela, facciones hechas con pincel. Hermosa.
Veinte y menos. Lleva una niña de unos tres años de la mano, un short de
mezclilla cortísimo que le hace lucir sus piernas torneadas y su culo bien
formado. Entra contoneándose, las tetas se yerguen amenazantes. Retan a la
gravedad.
¡Vaya trabajo!, pienso.
Las que siguen son igual. Nice, fashion y de
cuerpazo.jimenes rumbo cambios
Al final me recibe, de prisa, tras unas semanas para
localizarlo y dos días de espera en su consultorio, el cirujano Javier Solorio
Almazán, afamado entre las mujeres políticas y no políticas.
Y lo primero que le pregunto es: ¿a cuántas mujeres de la
política ha operado?
-No te puedo decir con precisión, pero sí que he operado a
más de mil mujeres en Guerrero, entre ellas muchas políticas.
-¿Qué es lo que más se hacen?
-De todo: cirugía de nariz, recubrimiento facial, aumento de
seno, liposucción, aumento de gluteo, cirugía de oreja. Todo lo que sea
estético.
– ¿Cuánto les cobra?
– Depende. Hay cirugías de 20 mil, 30 mil pesos, hasta de
más de 100 mil.
– ¿Qué piensa de los políticos que sólo quieren verse bien
para vender una imagen bonita?
– Que no sólo ellos deberían de tratar de verse bien, porque
verse bien te hace sentir bien.
– ¿No es frívolo?
– No, yo no lo vería así. Hay políticos gordos, chimuelos y
hay políticas gorditas con su lonjita y todo. Yo creo que todos deben de tratar
de verse bien, de verse presentables. Lo que es muy cierto, aunque no nos
guste: como te ven te tratan.
– Eso creen los políticos ¿no?
– Acuérdate que ahora hay una carrera de imagen política. El
mismo presidente (Enrique) Peña Nieto es producto de la mercadotecnia, producto
de la imagen, un producto vinculado a los artistas. Obviamente la gente, y más
en México, lo compran.
– ¿Por qué dice: y más en México?
– ¡Y más en México!
– ¿Somos muy frívolos?
– Por frivolidad y hasta por un grado cultural. En México
tienen más credibilidad las personas que se dedican a la comedia, a la
farándula que un artista o un científico.
– ¿Las caras bonitas?
– Así es. Ve las campañas políticas. En lugar de que se
hagan acompañar los políticos por gente honorable, por gente que ha
desarrollado proyectos económicos, por gente capaz, vienen y se acompañan por
los personajes de la farándula. ¡Y hasta les pagan! Aquí en Acapulco se ha visto
eso. Y eso jala más, ¿no? Ahorita eso de la belleza y del físico y de verse
bien está de moda. El mundo ahora se está guiando mucho por eso, por tener una
apariencia física bella que ante los ojos de los demás sea algo bonito. Siempre
ha estado de moda –corrige-, pero ahora esta tendencia está extendida en todo
tipo de gente, casi.
– Entre quienes pueden pagarlo, sobre todo.
– Sí, sobre todo entre ellos.
– Las políticas, supongo.
– Desde luego.




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