Foto: Germán Canseco
MÉXICO, D.F.- Lo sucedido en los comicios internos del PRD
confirma la misma tendencia que se registró en la contienda por la dirigencia
nacional del PAN: En ambos casos triunfó la corriente que impulsó el Pacto por
México para sacar adelante las “reformas estructurales” del gobierno de Enrique
Peña Nieto.
En los dos casos, la verdadera casa que jugó y ganó fue la
Presidencia de la República. De esta manera, el peñismo se transforma
gradualmente en un modelo de presidencialismo multipartidista.
La restauración del presidencialismo ya no sólo subordina la
vida política del PRI a los dictados del Ejecutivo Federal. La simbiosis
gobierno-partido se convierte en simbiosis gobierno-partidos.
Peña controla, de facto, a sus dos principales opositores
(PAN y PRD), más dos “partidos-bisagra” (Panal y Partido Verde) y realiza una
operación muy insistente para fracturar al PT, al MC y fragmentar el electorado
de Morena, quizá el único polo opositor real, pero que juega en la cancha
dominada por el gobierno.
Los nuevos partidos del presidente se caracterizan por cinco
elementos:
1.-Triunfan los aparatos burocráticos, no los militantes. En
el PRD, el índice de abstencionismo fue de casi 60%. En algunas entidades y
secciones llegó a 70%. De esta manera, el incentivo es tener el voto
controlado, vía la compra de credenciales de elector o las despensas y los
mecanismos tipo Monex o Soriana.
Nueva Izquierda, en el PRD, y el maderismo, en el PAN, no se
confrontaron a una contienda en igualdad de condiciones sino a un despliegue de
recursos para garantizarle al gobierno federal el maquillaje de un consenso
partidista a sus reformas.
2.-Los gobernadores se comportan como “presidentes a
escala”. La operación para beneficiar a los aparatos dirigentes se realiza con
el apoyo explícito de los gobernadores. El caso de Puebla es ejemplar. Rafael
Moreno Valle, el más priista y peñista de los gobernadores actuales por sus
métodos de control y cooptación, se convirtió en el árbitro tanto en la
contienda del PAN como en la del PRD.
Moreno Valle –quien llegó como resultado de una coalición
opositora- terminó apoyando a Madero y también hizo su apuesta por Ernesto
Cordero, en el PAN. Su compulsión plural lo llevó también a apoyar a Nueva
Izquierda a través de su secretario de Gobierno, Luis Maldonado, pero también a
la nueva corriente que encabeza el actual presidente del Senado, Miguel
Barbosa, un exchucho que siempre ha tenido una lealtad clara con el mandatario
poblano.
En el DF ocurrió algo similar: Miguel Ángel Mancera y su
secretario de Gobierno, Héctor Serrano, operaron a favor de Nueva Izquierda,
pero en los territorios donde la corriente IDN de René Bejarano es hegemónica
difícilmente pudo arrebatarle votos.
3.-El INE legitimador. La elección del PRD tuvo un
ingrediente adicional. A petición del partido, la nueva autoridad electoral –el
Instituto Nacional Electoral- se convirtió en un aval para legitimar la
contienda, aunque la calidad de la participación y de la organización dejara
mucho que desear. No importó la baja calidad de la participación y el manual de
trampas difíciles de documentar porque se trataba de garantizar un arbitraje
cómodo. Los propios consejeros del INE tienen compromisos con la corriente
dominante en el PRD.
De esta manera, el INE se convierte en el legitimador de una
nueva fórmula de simulación democrática al interior de los partidos.
4.-Gana el dinero. Si algo ha caracterizado al estilo
peñista de hacer política es su compulsión por el dinero y su inversión
millonaria en medios de comunicación, agencias de publicidad y “operadores”
electorales que maquillan el consenso.
Se trata de transformar al PAN y al PRD en partidos
escenográficos: Acompañantes cómodos en la aventura peñista de convertir a la
función pública en un reparto de negocios.
Resalta que en los mismos medios electrónicos donde un día
sí y el otro también se lanzan loas interminables al gobierno federal ahora se
respalda a Madero y a Los Chuchos. Los perdedores o los críticos son
invisibilizados, silenciados, expulsados de facto con una ley mordaza o
mencionados sólo para garantizar que “son minoría”.
5.-El Método Atlacomulco. En esencia, se está reproduciendo
un estilo que los gobernadores del Estado de México han aplicado desde hace
años para mantener el control y los negocios de la dinastía Atlacomulco:
maicear a la oposición, dividirla y entablar negociaciones con los más débiles.
Los partidos de oposición se convierten en comparsas y no en
contrapesos. Los partidos se subordinan a las órdenes del señor presidente. Y
se les permite criticar, cuestionar y ventilar sus diferencias, siempre y
cuando no cuestionen el eje dominante: La corrupción que corroe los cimientos
de los partidos.

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