Por Yuriria Sierra 30/09/2014 excelsior.com.mx
Se espera que en los próximos días sea Alfredo Castillo, el
comisionado para Michoacán, quien comparezca en la Cámara de Diputados. Y esto
para seguir con la rutina que continúa al Informe de Gobierno de Presidencia.
Él deberá rendir cuentas, entregar un primer balance tras la creación de
aquélla, la Comisión que encabeza y con la que las autoridades federales
esperan impulsar el desarrollo de Michoacán, sanar al estado que más heridas ha
generado a últimas fechas. Pero ahora también aparece el estado vecino,
Guerrero, dentro de los asuntos que se salen de control. O que toman por
sorpresa. O que exigen también atención. Una atención que tal vez esté
recibiendo, pero los acontecimientos que han ocurrido desde el viernes pasado
dejaron claro que no hay una estrategia clara al respecto, al menos no en
Guerrero. ¿O cuál es la razón para el enfrentamiento que la policía de Iguala
tuvo con civiles? ¿Por qué desde el viernes por la noche hablamos de seis
muertos —tres estudiantes, un futbolista, un chofer de autobús y una mujer—,
además de alrededor de 55 desaparecidos?
Ayer salía el procurador del estado, Iñaki Blanco, a
reconocer que sí hubo uso excesivo de la fuerza de parte de los agentes
involucrados. Y aunque es paso a favor de la investigación que exista tal
declaración, sería mucho mejor que se explicara el porqué de la agresión. Así,
a botepronto, parece sólo evidencia de la falta de un protocolo de acción
riguroso que evite que se presenten este tipo de hechos profundamente
lamentables.
Referimos a Castillo al inicio porque él llegó tras la
necesidad de auxiliar a las labores del gobierno de Michoacán, y pensamos ahora
que Guerrero podría convertirse en un nuevo blanco para que la autoridad
federal tome riendas o sugiera caminos para recuperarlas; ya ayer Osorio Chong
criticaba la actuación de la policía municipal de Iguala. Porque no sólo es el
enfrentamiento con los normalistas, el mismo que ayer reventó con los hechos a
las afueras del Congreso estatal, en Chilpancingo. A esto le sumamos otro
hecho, uno que tiñe de rojo el camino a la elección para renovar la
gubernatura. El asesinato de Braulio Zaragoza, el presidente estatal de Acción
Nacional, apenas horas antes de una reunión que tendría con Armando Ríos Piter,
quien se coloca como el candidato al gobierno de Guerrero. ¿Habría entonces una
posible alianza amarillo-azul? Eso ya no lo sabremos, al menos no en voz de
quien encabezara la fuerza blanquiazul guerrerense. Pero, ¿qué panorama
político deja su asesinato?
Así estarán las cosas, que las autoridades del gobierno de
Ángel Aguirre —quien ha tenido una aparición muy escueta en estos
acontecimientos— han declarado que todo recaerá directamente en el presidente
municipal de Iguala, José Luis Abarca, quien también declaró que no dio la
orden de atacar... pero evidentemente la policía de su municipio no le hizo
caso.
Ya Guerrero había sido un territorio complicado, pero este
estallido de violencia llega en un momento que lo único que hace es completar
esa difícil, dolorosa región del país: Michoacán, incendiado; Oaxaca, en donde
el magisterio sigue presionando; Chiapas, que nos duele en su pobreza... y
ahora Guerrero (y no es que antes no pasara nada), que se muestra como otro
territorio más en donde la autoridad estatal brilla por su ausencia. Y todo en
la víspera de que los partidos decidan quiénes serán sus candidatos para llegar
al despacho de gobernador.

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