3 de septiembre de 2014
Por Juan López
No era necesario
que Armando Ríos Píter desmintiera que Zeferino no fue su mentor ni tienen,
cofradía alguna con la que se preparen para el asalto al poder en el venidero
2015. La opinión pública de Guerrero sabe perfectamente que el ex gobernante,
hoy indiciado por el asesinato de Armando Chavarría Barrera fue siempre un
chacal estepario que no hizo migas nunca
con otros funcionarios, tampoco entramó puentes generacionales ni se asoció con
promesas políticas que le ofrecieran dividendos a futuro.
Si de algo podemos
estar seguros con Z es que fue corto de miras, mezquino en sus proyectos,
Carlos Álvarez uno de sus más desencantados colaboradores, lo definió un día
con una sola palabra: egoísta.
A diferencia de
José Francisco Ruiz Massieu -otro matarife a quien Z idolatraba-, que unió a
jóvenes interesados en el servicio público y los catapultó a mejores
condiciones políticas, éste Z fue
pisoteando dignidades, humillando al que buscaba su tutela: no creo zeferinistas
porque sus obras eran áridas y sus mensajes estériles. Procreó una cáfila de
lacayos que sudorosos lo obedecían y se sentó solitario en su trono como El
Principito, a esperar a que el sol le obedeciera, cuando él le ordenara que
eran las seis de la tarde y debería eclipsar para darle paso a la noche y que
resplandeciera la luna. También la de queso,
Selene acataba sus instrucciones y él orate feliz gozaba de la grandeza
de su poder.
“No es mi padrino”
como aclara Ríos Piter. Ni fue padrino de nadie. El egoísta -dijo Cristo-, es
el peor de los humanos. Está encapsulado para sólo obtener beneficios
personales y no ser generoso con nadie. La tacañería es un disturbio
espiritual, enfermedad hereditaria. Padres ruines enseñan a sus hijos a no ser solidarios
ni compartidos. Creen que dos más dos son cinco y hasta las matemáticas
atrofian con tal de salirse con la suya. Parafrasean a Pitágoras y se roban el
remanente.
Hoy queda nomás el
tiradero, del naufragio sólo la basura se acumula. Miserias por todos lados. El
fracaso es la peor derrota de un político venido a menos. Y lo grave:
acusaciones en el Ministerio Público de ser coautor del asesinato del Diputado
ex Jefe de la Mesa Directiva del Congreso local.
No estamos echándole leña al fuego pero, existen
los elementos judiciales para que el ex gobernador asista a la Procuraduría.
Comparezca en calidad de indiciado y de una vez por todas se aclaren las
consejas que lo involucran. Culpable o inocente, lo más urgente para la
sociedad guerrerense es aclarar quién asesinó a Armando Chavarría y quien meció
la cuna de los criminales.
Es todo lo que
reclamamos para interrumpir otro proceso de impunidad del que ya parece gozar
el buen Z.
PD: “Al que preña
se le olvida…”: Refrán.

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