Cinco años han transcurrido del artero y cobarde asesinato
del que en esos momentos era diputado y presidente de la Comisión de Gobierno
del Congreso Local del Guerrero, Armando Chavarría Barrera. Desde entonces, han
desfilado al frente de la PJEG, tres procuradores, más el que está ahora,
cuatro, y de estos, no se ha hecho uno.
Cuando sucedió el cobarde crimen, era Zeferino Torreblanca
Galindo, el gobernador del estado de Guerrero, quién llegó al cargo, con las
siglas del PRD, por tanto, ante los ojos públicos, a Zeferino lo consideraban
como perredista, sin serlo, y nunca lo fue. Desde un principio, las sospechas
de ser el autor del alevoso homicidio, recayeron en el ex – gobernador, pero
las exigencias de justicia de familiares, amigos y compañeros del ex – diputado
local, siempre se toparon con un muro infranqueable.
A Zeferino, lo relevó en el cargo de Gobernador, Ángel
Aguirre Rivero. El empresario acapulqueño, había dejado la gubernatura, sin que
se observara alguna solución al problema criminal y se llegó erróneamente creer
que el nuevo gobernador, Ángel Aguirre Rivero, ex – priista y neo perredista,
resolvería inicialmente el alevoso y cobarde homicidio, y esta consideración
positiva, se incrementó aún más, cuando nombró procurador a un perredista
consumado, Alberto López Rosas, pero pronto se empezaron a desvanecer los
intentos serios y brillantes a la oscuridad reinante.
De allí para acá, todo volvió al silencio, salvo cuando fue
interrumpido locuazmente por Marta Elba Garzón, en el momento de renunciar al
cargo de procuradora, que había tenido en sus manos desde la ida repentina de
López Rosas, quién se atrevió asegurar que el caso criminal de Chavarría
Barrera, estaba casi resuelto, que solamente faltaba liberar las órdenes de
aprehensión, lo cual, a la postre, resultó una gran falacia.
Actualmente, no hay nada nuevo en esto, es la misma
situación del inicio, con un procurador endeble e inseguro en su decir. Total
que no se ve alguna novedad que nos indique el camino para la salida de este
fango que nos daña y nos perjudica como sociedad.
En este contexto, en estos últimos días, se han realizado
eventos en torno a la memoria del perredista asesinado, incluyendo el que
sucedió en el congreso local el día miércoles 20, todos emotivos y con un solo
distintivo: La exigencia de Justicia, situación que hasta el momento, se ha
negado.
Debemos decir que no ha habido voluntad para el
esclarecimiento de este caso que hoy nos ocupa por enésima vez, ya que, por un
lado las evidencias dejadas en la escena del crimen y por el otro, todo lo
demás que han rodeado el hecho maquiavélico cuestionado, nos dan elementos
suficientes para desarrollar lo antes señalado.
Reglas no escritas en las “altas esferas” del gobierno,
sujetan fuerte y sólidamente “el velo que cubre” el caso mencionado. Es muy
difícil que se ventile, seguirá flotando en el aire, y solo meras
especulaciones circularán grotescamente, pero hasta allí y sin temor a
equivocación, tendremos en años venideros las mismas actitudes de exigencia de
justicia.
A menos que el próximo gobierno del estado, fuera un
perredista de verdad, no perredista simulado de los que abundan hoy día, pero
así como pintan las cosas en el ámbito electoral del estado de Guerrero, apunta
a que todo esto, siga igual y desafortunadamente, seguirá apestando como hasta
ahora….HASTA PRONTO.

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